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Inteligencia artificial: los riesgos que corremos actualmente




En los últimos meses explotó de manera masiva la Inteligencia Artificial, mejor dicho las IAs. Y las ponemos en plural porque existen muchas con diferentes objetivos. Algunas generan imágenes en base a instrucciones provistas por el usuario, mientras que otras contestan todo tipo de preguntas redactadas en lenguaje natural. En este último caso, las respuestas obtenidas realmente nos hacen sentir como si hubiese un ser humano de carne y hueso del otro lado de la pantalla. Uno puede preguntar cualquier cosa y, en apariencia, obtener las respuestas de un “experto”. Impresiona aún más su lógica conversacional: no se trata solo de preguntar, sino que es posible repreguntar y generar nuevas respuestas. A su vez, se le puede pedir que aplique algún grado de razonamiento sobre las respuestas y que, en base a eso, genere más de ellas. Realmente se siente como si un humano estuviese contestando.

 
Cualquier persona que haya usado chatGPT puede dar fe de que las respuestas que brinda son sorprendentes. Una caja negra que tiene feedback para todo, desde cómo armar un cohete hasta ideas tácticas futbolísticas de cómo marcar a Leo Messi.


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Una belleza inhumana

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