Nadie camina por vos
Los algoritmos funcionan resumiendo, y un ritual solo funciona a velocidad humana.
Por Joan Cwaik, Autor y divulgador. Especialista en tecnologías emergentes, Perfil.com, 3 de octubre de 2026

Hoy, como cada primer sábado de octubre, cientos de miles de personas van a caminar los 60 kilómetros que separan Liniers de la basílica de Luján. Van a salir a la mañana, van a cruzar el conurbano entero, y muchos van a llegar de madrugada, con los pies destrozados, a un lugar donde los espera una imagen chiquita de una virgen. Aclaro desde dónde escribo esto. Soy judío, poco practicante, y la fe católica me resulta un territorio ajeno que miro con respeto desde afuera. Justamente por eso la peregrinación me fascina cada año un poco más.
Porque lo que me atrapa de esa marea humana excede a cualquier religión. Vivimos en la época que declaró la guerra al esfuerzo. Todo llega a domicilio, todo se resume, todo se acelera. Las apps nos ahorran la cola, el trámite, la cocina, la espera, y la IA vino a ahorrarnos lo último que quedaba, el trabajo de pensar. Cada tecnología que usamos compite por sacarnos pasos de encima. Y en el medio de ese mundo, un sábado por año, una multitud elige hacer exactamente lo contrario y meterle al cuerpo 60 kilómetros que nadie le pide, que no otorgan puntos, que no suman millas.
El detalle que más me gusta aparece en las manos de los caminantes. Llevan el celular, obvio. Se filman, comparten la ubicación con la familia, avisan por el grupo que ya pasaron Moreno. La tecnología viaja con ellos durante toda la ruta, y sin embargo no puede hacer nada por ellos en lo esencial, porque la caminata carece de versión comprimida. Los algoritmos que gobiernan nuestros días funcionan resumiendo, y un ritual solo funciona a velocidad humana, paso por paso, hora tras hora, con las ampollas incluidas en el precio.
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